Hace un par de años, un 8 de abril del 2010 celebramos sus 50 años, queríamos hacer una gran fiesta sorpresa para ella, entre mi hermana(Ali) y yo comenzamos a idearlo todo, pero no teníamos plata ni trabajábamos. "Mi madre se lo merece" le dijimos a papá y así lo convencimos, el accedió a organizarla. Extraño ese rostro sonriendo, repartiendo alegría, ahora veo una carita sufrida, triste, angustiada, tratando de recomponerse, con moretones, esperanzada, con una sonrisa, sí, pero una sonrisa falsa.
Recuerdo haber discutido en un par de ocasiones con ella por no preocuparse de su salud, recuerdo también entre sus rabietas una respuesta que hoy retumba en mi cabeza, en mi casa, en mí...
"Ojalá y me dé un cáncer o algo y me muera de una vez porque con lo malcriados que son no dan ganas de vivir, me siento decepcionada".
Le salió del alma, aquella frase salió de un alma que creí conocer sin imaginar que lo que realmente guardaba era una frustración que la impulsó, o mejor dicho, no la impulsó a hacer mucho, a hacer nada.
Lo tomó a la ligera.
Pero arrancó, comenzó a moverse, iba a consultorios médicos como cualquier persona que tenía un simple dolor de cabeza, sola y sin ningún sintoma que pronostique cual sería su futuro.
Pasaron meses, unos 4 o 6 seguramente, no encontraban nada, exámenes tras exámenes y no había nada, los médicos a los que acudió no daban con la razón de su (en ese entonces) leve molestia. Medicina tradicional, naturistas, acupuntura, nada.
Hasta que decidió ir a SOLCA.
Lo tomó a la ligera.
Pero arrancó, comenzó a moverse, iba a consultorios médicos como cualquier persona que tenía un simple dolor de cabeza, sola y sin ningún sintoma que pronostique cual sería su futuro.
Pasaron meses, unos 4 o 6 seguramente, no encontraban nada, exámenes tras exámenes y no había nada, los médicos a los que acudió no daban con la razón de su (en ese entonces) leve molestia. Medicina tradicional, naturistas, acupuntura, nada.
Hasta que decidió ir a SOLCA.



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