viernes, 3 de agosto de 2012

Buscando respuestas

Mamá tenía muchas obligaciones: la casa, el negocio, las responsabilidades que una familia acarrea son muchas y eso todos lo saben. Ella en realidad siempre fue "el hombre de la casa".
Hace un par de años, un 8 de abril del 2010 celebramos sus 50 años, queríamos hacer una gran fiesta sorpresa para ella, entre mi hermana(Ali) y yo comenzamos a idearlo todo, pero no teníamos plata ni trabajábamos. "Mi madre se lo merece" le dijimos a papá y  así lo convencimos, el accedió a organizarla. Extraño ese rostro sonriendo, repartiendo alegría, ahora veo una carita sufrida, triste, angustiada, tratando de recomponerse, con moretones, esperanzada, con una sonrisa, sí, pero una sonrisa falsa.






Recuerdo haber discutido en un par de ocasiones con ella por no preocuparse de su salud, recuerdo también entre sus rabietas una respuesta que hoy retumba en mi cabeza, en mi casa, en mí... 

"Ojalá y me dé un cáncer o algo y me muera de una vez porque con lo malcriados que son no dan ganas de vivir, me siento decepcionada".

Le salió del alma, aquella frase salió de un alma que creí conocer sin imaginar que lo que realmente guardaba era una frustración que la impulsó, o mejor dicho, no la impulsó a hacer mucho, a hacer nada. 

Lo tomó a la ligera.

Pero arrancó, comenzó a moverse, iba a consultorios médicos como cualquier persona que tenía un simple dolor de cabeza, sola y sin ningún sintoma que pronostique cual sería su futuro.
Pasaron meses, unos 4 o 6 seguramente, no encontraban nada, exámenes tras exámenes y no había nada, los médicos a los que acudió no daban con la razón de su (en ese entonces) leve molestia. Medicina tradicional, naturistas, acupuntura, nada. 

Hasta que decidió ir a SOLCA.

El primer susto

Aquí comienza un desglose que sobrepasan los 140 caracteres, aquí comienza un relato de una enfermedad que no veíamos venir nunca y que nos estrelló de golpe en una realidad que siempre decidimos ignorar hasta que se nos puso en frente. Así fue como conocieron en Twitter a @chatumai.


Mi nombre es George Hidalgo, aún no terminaba mi carrera en la U (Producción Audiovisual) y ya estaba trabajando en la producción de una nueva película llamada Mejor No Hablar De Ciertas Cosas (antes participé en Sin Otoño, Sin Primavera y en Quito 2023).

Mejor No Hablar De Ciertas Cosas se rodaba en "mi tierra": Portoviejo. En realidad la tierra de mi madre, ciudad que conocía desde pequeño y donde tenía a toda mi familia de parte de madre, un plus para mí porque facilitaría mi labor.
Era tiempo de rodaje, empezamos el 5 de abril del 2011, terminamos el 14 de mayo, mi mami decide visitarme en la oficina y la recibo con mucho gusto.

Era una conversación muy amena, hasta que veo sus piernas, algo me llama la atención, estaban hinchadas, muy hinchadas, tanto así que pensé inmediatamente en Elefantiasis.

Yo:
-Mami, que tienes?


Mami:
(esconde sus piernas)
-Nada.

Yo:
(mirada sospechosa)
-Mami, tienes que hacerte ver, cuidado y sea algo grave...

Mami:
-Si mijito, usted no se preocupe, tiene mucho trabajo aquí...

Ese fue el inicio de un guión que me hubiera gustado nunca comenzar a d-escribir. Pues también nunca pude estar nuevamente tranquilo. Terminamos de rodar el 14 de mayo, yo tenía que regresar a Guayaquil el 25, me fuí el 15, por mi mamá.